Si te esforzaras en trabajar tanto como en odiarte, serías el ser más prolífico de este mundo.
Pero qué va.
Que eso no es para ti.
Que el nuevo arte se encuentra entre los ceros y los unos y tú has sido siempre de celulosa y carbón.
Cómo te gusta vaticinar tu miseria con la barriga repleta de cerveza y el corazón sobre la mesa.
Quién dijo que la decadencia no es poética.
Dime entonces que esto que siento ahora mismo no es aquello que me matará de hambre y de pena.
Adiós.
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